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La sumisa virgen.
 
La imagen de aquella mujer no dejaba de sorprenderme, era mi reflejo en el espejo, pero casi no podía reconocerme en ella.
 
Allí estaba ese brillo en mis ojos, el brillo que tomo mi mirada desde que le conocí, el rubor de mis mejillas y la sonrisa traviesa que iluminaban mi rostro al recordarle… Junto aquel estremecimiento que recorría mi cuerpo solo al pensar en su mirada sobre mí, y la humedad que invadía mi entrepierna con tan solo sentir su presencia, no había duda era mi Sr, le pertenecía. Y  hoy por fin se consumaría esa pertenencia…
 
Desde la primera vez que le vi, sentí la fuerza de su mirada, fue en ese primer abrazo al conocerle personalmente, que por primera vez me estremecí en los brazos de un hombre, algo en mi cambio desde ese instante.
 
Y es que la inocencia de mi piel no me impedía desearle como hombre, y hoy al fin le entregaría mi virginidad y mi sumisión.
 
Mi Sr fue dulce y paciente conmigo espero y construyo de a poco el vínculo de confianza entre ambos, respeto mi inexperiencia y me sedujo lentamente en cuerpo y alma, pues a la vez de hacerse desear como hombre, se ganó mi admiración como ser humano y mi respeto como Dominante, y esto me llevo a Adorarle en todas sus facetas desde las más claras hasta las más oscuras…
 
Finalizaba mi maquillaje frente al espejo, perfectamente arreglada y perfumada para él, era una mujer hermosa y segura la que se erguía frente a mí en esa imagen, pero muy en el fondo de aquellos ojos podía ver a la sumisa que se estremecía por estar a los pies de su Sr, a la hembra que tiritaba de deseo por su Dueño, y en aquellas mejillas ruborizadas a la cándida y casta niña que hoy se haría mujer, tal y como lo había anhelado siempre, en los brazos de su Dom, de su Dueño, de quien la haría mujer y sumisa, la muy ansiada dualidad que llevaba años esperando.
 
Una vez que conseguí una presencia tan inmaculada como mi ser, corrí a su encuentro…
 
Ya junto a él en su automóvil, los nervios aumentaban, disfrutaba de cada pequeño detalle, quería atesorar cada momento en mi mente, sus manos sobre el volante, su voz al modular las palabras, el sonido de su risa, la fragancia de su perfume, la profundidad de su mirada tan perversa como exquisita, la fuerza de su presencia… Era mi Sr, era mi Dueño, era mi Amo, con sus inquisidores ojos clavados en mí, el tumulto de sensaciones que se apoderaban de todo mí ser, me hacían sentir en las puertas de la Gloria.
 
El trayecto hasta la cabaña fue rápido, era una hermosa y acogedora cabaña, al cruzar el umbral de la puerta principal, los ojos de mi Sr, se hicieron aún más profundos, me miraba con la misma fuerza y complacencia en que debe la fiera mirar a su presa, al saberla indefensa y sumisa a su destino.
 
Eso era yo, una inocente caperucita que se topó por capricho del destino con su lobo feroz, y que desde el día que le conoció anhelo cada día ser devorada por sus fauces…
 
Pues bien mi Sr lobo no perdió tiempo y luego de como buen caballero enseñarme la cabaña se abalanzo sobre su niñita, que hacia lo imposible para que su devorador no notara los nervios que la invadían.
 
Mi Sr me tomo de la cintura y me llevo hacia él, dándome un beso largo y profundo, sus hábiles manos me tocaban con maestría por sobre mi ropa, me puso contra la pared y pude sentir por primera vez la dureza de su erección contra mi vientre.
 
Me estremecía sintiendo como se empapaba mi entrepierna presa del deseo y las ganas acumuladas, mientras mi Sr se concentraba en desabrochar mi blusa y dejar mis pechos expuestos por sobre el sujetador, esos pechos generosos que lo enloquecían.
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Los acaricio con ternura y rudeza, y ellos respondían con rapidez a los toques de su Dueño, haciendo que me mojara aún más de lo que estaba, mis pezones se endurecían como estacas buscando la boca de mi Sr, que los hacia sin clemencia presas de sus labios.
 
De pronto los soltó y comenzó a darles unas palmaditas para hacerlos rebotar gracias a su tamaño, y se alejó de mi unos pasos, ordenándome que caminara hacia él, deleitándose viéndolos rebotar a medida que daba cada paso.
 
Me tomo nuevamente besándome y acariciándome, para luego darme la vuelta y ponerme boca abajo sobre la mesa de comedor hecha de madera rustica, y volvió a presionar su pelvis sobre mi haciéndome sentir la fuerza de su erección sobre mis glúteos.
 
Me levanto y me halo de los pezones dirigiéndome a la habitación principal, allí me coloco sobre la cómoda, insinuando nuevamente movimientos con su pelvis, haciéndome sentir ese paquete enorme que se erigía entre sus piernas,  susurrándome al oído mientras halaba mi cabello con firmeza para hacerme levantar la cabeza obligándome a mirar mi imagen en el espejo de la cómoda  “hoy no, pero muy pronto te tomare así”…
 
Yo estaba en la Gloria, sentía como mi cuquita palpitaba, mientras hacía burbujitas de lo mojada que estaba,  moría de ganas porque me penetrara y me hiciera suya.
 
De pronto mi Sr, me levanto de la cómoda ordenándome que me pusiera de rodillas frente a él, y comenzó a desnudarse rápidamente, el tiempo se detuvo para mí en ese momento, todo pasaba en cámara lenta, sería la primera vez que vería a un hombre desnudo, a mi hombre, a mi varón, a mi Hacedor…
 
No sabía dónde mirar, sus piernas, sus brazos, su torso, su rostro, mi Sr me encantaba de los pies a la cabeza, todo él era perfecto ante mis ojos, al bajarse el bóxer apareció frente a mí, mi verdugo, su pene… Erguido y soberbio salto de pronto, brilloso y perfecto, me estremecí al verlo, de mi cuquita caliente manaban sin control mis humedades, era una hembra en celo, eso era en ese momento, y él era mi “Sr Macho” en toda la extensión de la frase, y aquel pene soberbio y primoroso, tan grande y tan duro como mi necesidad así lo demostraba.
 
“Tómalo con tu boquita anda” me dijo, de inmediato lo tome con suavidad con mi mano, llevando su capullo hasta mi boca, estaba duro y a la vez frondoso, me encantaba su textura y me agrado su sabor, lo trate de tomar como había visto en las películas, albergándolo con dulzura y firmeza entre mis gruesos labios, chupando y lamiendo, de pronto el tomo mi cabeza y comenzó a follarme la boca haciendo que me atragantara, me encantaba ver su cara de placer, saberme causante de su placer a pesar de mi inexperiencia, sentir como aquel pene crecía aún más de lo que ya estaba, gracias a mi boca, me sentía plena siendo usada por mi Dueño. “Mírate” me decía, obligándome a mirar hacia el espejo “eres mía, eres mi vaquita tetona”, y me saco el pene de la boca para ponerlo en medio de mis tetazas y follarme las ubres, y luego seguir follandome la boca.
 
Mi Sr, me tuvo así un largo rato, dándome pene por mi boquita hasta que no pudo aguantar más las ganas de follarme mi cuquita virgen, me ayudo a levantar y me acostó sobre la cama, me chupaba y lamia las tetas, me mordía con suavidad y firmeza, me levanto la falda y me separo las piernas, me hizo a un lado la panty, dándose gusto con la imagen de mi cuca encharcada, bajo hasta mi cuquita y le dio una leve caricia con su boca y me incorpore de pronto suplicándole que no, que aun eso no, me daba mucha pena recibir sexo oral de mi Sr, aunque moría de ganas porque me comiera entera, pero el pudor fue más grande.
 
 Él me dijo “de quien es esto” apretándome los labios de la cuquita, y le dije, suya mi Sr, es suya pero por favor eso no, suplique, aun no.
 
Êl me complazco y siguió con mis ubres, hasta que se incorporó un poco sin dejar de separar mis piernas con las suyas, para colocarse el condón, mi corazón se detuvo, venia el momento que tanto había soñado, se colocó el condón y comenzó a penetrarme de a poquito, el dolor y el ardor eran insoportables, estaba muy apretaba, introdujo solo la mitad, pero yo no soportaba el dolor y me quejaba, al ver mi cara de dolor mi Sr tomò mis manos entre las suyas y me sujeto con fuerza, ese gesto me hizo sentir aún más segura y me relaje un poco más, mi cuquita estaba muy mojada y hacia unos sonidos deliciosos a medida que mi Sr me ensartaba su pene, al fin entro por completo, haciéndome sentir que era un fierro que me quemaba por dentro, en un primer momento tuve ganas de empujarlo y quitarlo de encima de mí, pero el ver su cara de placer mientras me cogía suavecito al principio y luego con más fuerza a medida que mi cuquita se acoplaba a la envergadura de su pene, me hizo contener.
 
Dolía y ardía mucho pero era feliz al ver que mi Sr estaba disfrutando y mucho, los ruidos de mi cuca con las embestidas de mi Sr eran una delicia, sus  embestidas, se hicieron un poco menos dolorosas, hasta que mi cuquita se mojó más y más, haciéndome sentir muy rico, era un dolor rico…
 
Mi Sr acabo y retiro su pene con suavidad, me dolió mucho cuando lo saco, pero estaba feliz, ya era una mujer, mi Sr me había convertido en su hembra.
Después de descansar y de recibir los mimos de mi Dueño, mi Sr me coloco sobre sus piernas he hizo que frotara mi cuca sobre ellas, yo ya estaba chorreando nuevamente y él estaba encantado de que me mojara de esa forma por su causa, se acostó boca arriba en la cama  y me ordeno que me acomodara sobre él, me ayudo a ensartar su pene en mi recién entrenada cuca, y así comencé a montar a mi Sr, aun me dolía, pero se sentía tan rico, era una mezcla de dolor y placer, movía mis caderas y me balanceaba arriba y abajo como había visto en las películas mi Sr se deleitaba viendo como se bamboleaban mis tetas, sin poder evitar estrujarlas y chuparlas, yo estaba feliz follandome a mi Dueño, mi cuquita escurría golosa, así sobre mi Sr me vine en un adolorido pero delicioso orgasmo, justo antes que mi Sr acabara. Desde ese día estoy esclavizada por el pene de mi Dueño, soy su putita y soy feliz de serlo, de él, y solo de él y para él, le Adoro porque me ordena hacer todo aquello que anhelo pero a lo que no me atrevo,  esos deseos que guardo en mi mente perversa. Soy feliz y estoy orgullosa de estar a sus pies, soy su hembra, su putita, su cachorra, su niña perversa, su dulce sumisa…

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